La joya mas preciada de Lesotho, el “reino de las montañas”, es el oro blanco. Así llaman en Lesotho al agua, un recurso abundante que cruza el continente africano a lo largo de más de 2000 kmtrs desde las cumbres heladas de Mokhotlong, a unas millas del Océano Indico, hasta la desembocadura en el Océano Atlántico en Alexander Bay, cerca de Ciudad del Cabo.
Los manantiales de las montañas del Drakensberg son la fuente del río Senqú, el Nilo del Kalahari. El curso del histórico Orange River, hace de frontera entre Lesotho y Sudáfrica y Namibia.
Hoy el delta y los valles del río orange son cuna de famosos vinos surafricanos.
Hemos pasado el día en una hacienda de viñedos con un estilo de posada lusitana del Alentejo y hemos tomado un porto excepcional.
Sin embargo, la reputación del río viene de antes y de fuente muy distinta. El río Orange fue la frontera que marcaba la lucha entre razas y culturas a lo largo de varias guerras entre colonos holandeses, el ejército inglés, Boers, Afrikaaners, bantués, sesotos, etc. Durante siglos, el río fue el teatro de un conflicto continuo alimentado por oleadas sucesivas de emigrantes: del norte y del sur, negros y blancos, cruzando la frontera en busca de tierras fértiles, de minas de diamantes y oro, o de refugio de la sefaquane huyendo de la guerra.
El Tratado del Agua en 1986 entre los gobiernos de Lesotho y Sudáfrica establece el pago de unos “royalties” fijos por la venta de agua a SA y otros impuestos variables derivados del turismo y otras actividades en el área.
Además, la planta hidroeléctrica permitiría a Lesotho no depender de importación de energía para autoabastecerse. Esto era la teoría, la realidad otra distinta.
jueves, 5 de marzo de 2009
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