El pastor Miguel Trillo me contó que hace algunos años estuvo con los Basutos del altiplano de Lesotho. El formaba parte de una misión evangelizadora. Los misioneros visitaron a un cacique que tenía prestigio de muy sabio. El cacique, un gordo quieto y callado, escuchó sin pestañear la propaganda religiosa que le leyeron en lengua Basuto. Cuando la lectura terminó, los misioneros se quedaron esperando.
El cacique se tomó su tiempo. Después, opinó:
- Eso rasca. Y rasca mucho, y rasca muy bien.
Y sentenció:
- Pero rasca donde no pica.
Adaptación mía de un cuento de Eduardo Galeano, “El libro de los abrazos”
jueves, 5 de febrero de 2009
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