
En Lesoto, a los blancos se les llama Lojhooa, que es una mezcla de jefe, boss, extranjero y no tiene una connotación despectiva.
- Para los Lojhooa, me explica muy serio mi colega Mpopo, el tiempo es como un conjunto de números. Unos “palotes” ordenados en fila, como esos árboles que bordean la carretera, uno detrás de otro conduciendo el progreso hacia un esperado encuentro final.
Los blancos piensan que van conduciendo con el coche de la vida a la misma velocidad constante siempre hacia adelante, con una certeza inquebrantable en el tiempo que circula el coche entre cada árbol, seguros de saber la distancia entre cada mojón, entre cada uno de los palotes.
Los blancos están cómodos con su idea del tiempo que transcurre como un camino en línea recta hacia el progreso con palotes uniformes, que se suceden con continuidad y que está regada de esperanza en el encuentro del final: el futuro.
Para un Lojhooa la travesía acaba con la muerte y para los blancos, morir, no es algo cotidiano como para nosotros los africanos. La esperanza de vida de un blanco es larga y los palotes se suceden con regularidad sin encontrarse con la muerte a diario como aquí. Aquí en Africa enterramos a algún familiar cada viernes, día de funerales, como una ceremonia cotidiana. El final del camino, el palote es imprevisible y la distancia entre ellos desconcertante.
En Africa, el tiempo no se mide en palotes. Nuestra vida, no tiene fechas marcadas con palotes regularmente distribuidos. Nosotros nombramos el tiempo por los sucesos extraordinarios que van sucediendo y ordenamos el tiempo en función de lo que va ocurriendo que es imprevisible.
Por ejemplo, mi nombre es Mpopo. Es el nombre de un pájaro que se le apareció a mi madre en la ventana de la clínica el día que yo nací.
Hay Lojhooa (¿cómo es el plural?), hay una Lojhooa, que vive el tiempo como el agua de un rio: afluentes, remansos, aguas estancadas, rápidos, caídas, canales, marismas... ¿dónde está el tiempo de los sueños en esa carretera, dónde están los circulos de las estaciones?
ResponderEliminarCuentaselo a tu amigo Mpopo, Miguel...
Me está encantando el blog...
Nuria