
Después de leer las palabras del marino ciego Holman al borde del abismo, estoy mas convencido de que los ciegos no viven en la más absoluta oscuridad.
"uno cree que los ciegos lo ven todo negro. Nada mas lejos de la realidad! Desde que me levanto por la mañana, hasta que me quedo dormido estoy absorto en una densa, amarillenta niebla que lo cubre todo…
¡Ah!, ¡ojalá pudiera disfrutar placidamente de una única magnífica noche absolutamente negra!"
Borges, también ciego, dixit
La oscuridad es fuente de inspiración para un artista, convierte la discapacidad en un privilegio que le permite desarrollar los otros sentidos para echar a volar la imaginación.
La oscuridad de una ceguera es un "catalizador" de todos los demás sentidos: potencia la memoria como fuente de inspiración. La vida, tanto como el arte y la literatura, son frutos de la memoria y la imaginación, Sin ellos, no es posible ninguna forma de representación.
El artista describe la realidad, en un dictado de lo que ve su imaginación, es la voz de alguien que camina entre la espesura de la noche descubriendo y recordando mas allá de lo visible y de lo olvidado. Igual que el navegante ciego Colman deambula por el “abismo borroso” y oscuro del Drakensberg iluminando la noche con sus recuerdos.
El cuadro de la ilustración de arriba es de Joseph-Benoît Suvée «Butades o el origen de la pintura» (1791). Representa a una joven corintia que traza en la pared la sombra de su amante, a punto de partir a la guerra. Dibuja los trazos en ausencia de su amante, anticipando su dolor pro la ausencia con la memoria.
Este cuadro es una metáfora que evidentemente atribuye a la memoria, la misma que ilumina la noche del ciego Holman, y no a la percepción, el origen de la pintura.
Mi padre, también un marino como Holman y un gran artista, ha pintado retratos en casa desde que yo era niño. Recuerdo a la gente, la gran mayoría desconocidos, en casa sentados impacientes en el "taburete" posando frente al caballete como modelos para un retrato. Esto es uno de los mas nitidos recuerdos de mi infancia: un desconocido con el gesto torcido sentado en un taburete en el salón de mi casa escudriñado por la mirada absorta y concentrada de mi padre.
Yo mientras, daba vueltas alrededor de la escena mirando de reojo al modelo y al artista. Recuerdo la incomodidad y el sentimiento de impaciencia y vulnerabilidad de los modelos, casi siempre mujeres y niños. Pero sobre todo me llenaba de admiración la mirada concentrada de mi padre. ¿Cómo podría hacer para mirar al modelo y mirar al lienzo mientras traza una línea?. Quizás esta sea una de las lecciones más importantes de mi vida. Es imposible fijar la mirada en los dos sitios simultáneamente.
Ese instante en el que despegas la mirada del modelo y la conduces al lienzo es un momento de transito entre la realidad corpórea de fuera y la “oscuridad y el abismo” irreal de la memoria de dentro del artista.
Aunque el modelo esté frente al pintor, no se puede mirar en el momento en el que hace la marca en el lienzo. Siempre hay un ligero retraso, un vacío, que puede estar fundado en ese abismo insondable de la memoria: un salto que conduce de la realidad a la ficción, el mismo salto que separa al ciego Holman del vacío.
Todo artista es ciego respecto a la realidad en algún momento y eso explica la mirada absorta de mi padre cuando yo era pequeño.
Ese momento mágico de transición, el instante de ceguera es fundamental porque cabalga en la memoria.
La capacidad de ver y de hacer visible está habitada por la ceguera.
Todos los que han perdido la visión reconstruyen la realidad apresuradamente antes de que desaparezca.
Sospecho que los que no somos ciegos, pero que metafóricamente hablando perdemos la visión a menudo, deberíamos tomar ejemplo. Este fin de semana subiré al anfiteatro a ver qué pasa.
¡Ah!, ¡ojalá pudiera disfrutar placidamente de una única magnífica noche absolutamente negra!"
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