
Igual que en muchos clanes de África, la tradición de los Sesoto dicta que cuando una mujer se queda viuda, el hermano de su esposo fallecido se hace cargo de su manutención. Los “chiefs” del clan, siguiendo costumbres ancestrales, reasignan responsabilidades y derechos para garantizar la protección de las viudas. En sociedades patriarcales como la sesoto, las responsabilidades se heredan y concentran en el linaje de la familia del marido, comenzando por el hermano. El hermano del fallecido hereda la responsabilidad de mantener a la viuda y a su familia política.
La “herencia de viudas” es un mecanismo social para conservar la fortaleza de los lazos familiares en los clanes. Esta tradición de acoger a las viudas y a los huérfanos ha sido un mecanismo para garantizar la supervivencia comunitaria mediante el cuidado de las personas más vulnerables del clan: las mujeres, las viudas, los enfermos y los niños huérfanos.
Desde la aparición del SIDA en los años 80 en Lesotho y en gran parte de los países de África del Sur, esta costumbre se ha convertido involuntariamente en un arma mortífera. La costumbre de “heredar viudas” ha pasado de ser un ejemplo de conservación social, a ser el germen de la autodestrucción de la comunidad.
Likhabiso (Khabi) es una mujer de aspecto débil y risueño. Sin embargo, la sonrisa de Khabi esconde el drama de una joven viuda encadenada al SIDA por culpa de la tradición. Khabi tiene 28 años y a lo largo de su corta vida, ha contagiado con el virus HIV y enterrado a sus 2 maridos presos todos de una costumbre ancestral.
Hace 5 años, el primer marido de Khabi, Teferi, se murió de SIDA, poco después de contagiarle la enfermedad. Desde entonces su vida ha sido una sucesión de errores. Tras la muerte de Teferi, su familia política “exigió” que, siguiendo la tradición, uno de los hermanos de su marido se casase con ella y se hiciera cargo de ella.
Khabi ni tan siquiera se planteó romper con la férrea tradición. Rechazar este matrimonio “heredado” con su cuñado, suponía arriesgarse a ser expulsada de la comunidad, incluyendo la peor de las amenazas para los sesothos: la posibilidad de un entierro digno con una piel de vaca en su aldea. Tenía miedo de enfrentarse sola con sus tres hijos al hambre y futuro en una sociedad donde hay un 50 % de desempleo, donde las mujeres viudas con hijos y que no han “heredado” un marido no tienen ningún valor, donde siendo viuda ya ningún hombre querría solicitar la lobola (matrimonio) a sus padres.
Khabi aceptó a su cuñado Makalo como nuevo marido y un año después de casarse, Makalo, infectado supuestamente por Khabi también se murió de SIDA. Según Khabi, Makalo se murió después de haber infectado a otras dos mujeres con las que había mantenido relaciones, que también murieron.
Hoy 5 años después, Khabi esta embarazada, siguiendo la tradición, ha sido “heredada” por otro miembro de la familia, que además la ha dejado embarazado de su cuarto hijo. Khabi, como se precia en la foto está radiante.
Me cuenta en el parto ha trasmitido a su hijo el virus HIV y que lo más probable es que el SIDA también mate a su nuevo marido de la misma forma que acabará matándola a ella. Pero esta contenta porque no está no la calle.
"Las costumbres dicen que yo tengo “derecho a ser heredada”. Si yo no acepto, me hubieran desterrado me hubiera encontrado en la calle y sin hogar y sin trabajo, sin posibilidad de que nadie pujase (bolula) por mí a mis padres y mis hijos no hubieran sobrevivido”.
En Africa del Sur y en gran parte de Africa, la costumbre de “heredar esposas” es depositaria de una promesa honorable, pero se ha convertido en un círculo vicioso de transmisión del virus HIV.
Pero esa no es la única responsabilidad. Para heredar una esposa viuda, las costumbres exigen al cuñado además cumplir una importante condición.
El cuñado heredero, para poder heredar a la viuda de su hermano, debe tener ya su propia familia: una esposa e hijos y debe evitar tener relaciones sexuales con la viuda de su hermano. Así, la esposa del heredero acepta a la viuda en su familia. El sistema de “red de protección social” funcionó maravilla hasta que los herederos comenzaron a romper sistemáticamente el tabú.
350,000 personas de una población total de 2 millones están infectadas con el virus. La gran mayoría (75%) de los infectados son jóvenes de entre 17 y 35 años. Aproximadamente el 70 % de las muertes diarias en Lesotho están directamente relacionadas con el virus. Se estima que hoy viven en Lesotho 100,000 huérfanos y 60,000 viudas heredadas como Khabi.
“No se cuanto tiempo vamos a vivir, dice Khabi. Pero no quiero vivir rechazada y mendigando. Prefiero vivir infectada y bajo techo. Se que vamos a morir pronto, por eso quiero que me entierren junto a mi madre”.